La siembra directa o agricultura de conservación, cuya adopción es más sencilla si se cultivan variedades mejoradas genéticamente para tolerancia a herbicidas, contribuye a frenar el cambio climático y resulta más sostenible para el medio ambiente, puesto que compatibiliza mejor con la fauna, reduce la erosión y permite ahorros en el combustible de hasta 60 litros por hectárea y año .
Estos tres beneficios deberían ser suficientes para merecer su apoyo, con el fin de frenar las emisiones relacionadas con el cambio climático, pero su adopción también implica otros cambios positivos en el suelo que han sido cuantificados por investigadores españoles.
La Dra. Rafaela Ordóñez y otros destacados investigadores de Córdoba y Sevilla acaban de publicar los datos de un estudio sobre las condiciones que a este respecto se producen en el sur de España, y muestran que, tras 21 años de siembra directa, el contenido en materia orgánica del suelo aumenta en 18 toneladas por hectárea .
Asimilando la materia orgánica al CO2 que emiten los coches, esto supondría que la conversión de una sola hectárea podría compensar las emisiones de un coche que emita 130 gramos de carbono por cada kilómetro, durante más de 138.000 kilómetros.
Teniendo en cuenta estos beneficios y la fácil adopción de la siembra directa gracias al cultivo de variedades mejoradas genéticamente para tolerar herbicidas, la agricultura de conservación se presenta como una solución para frenar el cambio climático.
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